sábado, 6 de junio de 2015

Un día normal

La diana es antes de las siete de la mañana. Me aseo e inicio los preparativos para el desayuno… abro la puerta de la calle y dejo entreabierta la puerta de entrada a la casa. Sale el café y me dispongo en mi sillón a escuchar las noticias de la mañana. Apenas dos minutos han transcurrido cuando sigilosamente la preciosa Adriana aparece en dirección al sofá. Tras ella Carlos, sigiloso y zombi, cae también en el sofá y entra en profundo sueño en un segundo. Pedir un beso es obligado aunque pospongo el pago del mismo por razones obvias. Cuando Adriana advierte que la televisión no pone “dibujitos”, viene a mis brazos y me pide que le ponga Bob Esponja. Ya en mis brazos, vemos los dibujitos mientras Carlos sigue en profundo sueño en prolongación de su propia cama. Está tan acostumbrado que no puede distinguir si es su cama o el sofá del abuelo. Baja la abuela y Jose, el papá de Carlos, aprovecha para hablar de la ropa de los niños, de las cosas del colegio y de otros rollos escolares y familiares. Se va corriendo al trabajo una vez que se toma una gota de café.
Carlos abre solo un ojo mientras aplasta su cara en el sofá. Algo le ha llamado la atención de Patricio, sin duda. Adriana no para de hablar. Hoy debe haber dormido muy bien. Me dice que ella quiere aprender a leer. Le escribo las vocales en su espalda y me extraño pues acierta casi todas. No puede ser, es muy pequeña. La abuela termina y se lleva a la pizpireta Adriana a vestir. Yo me quedo con el encargo de despertar a Carlitos que no está dispuesto a dejar de dormir. Con pellizcos y molestos achuchones, Carlos abre otro ojo y me dice desafiante. ¿Me levanto? Alguna vez se levanta y se sube a mi cabeza en una pelea de lucha grecorromana y cae de nuevo al sofá donde vuelve a dormirse profundamente en otro escaso segundo. Me voy a la cocina a preparar los bocadillos y la botella de agua, de los dos personajes. Les preparo sus mochilas. Advierto sorprendido que Carlos ha subido solo. Aprovecho para ver mi email en el teléfono, al tiempo que oigo algunas noticias.
La abuela, arriba, habla animosamente con los dos mientras les asea y viste. Apenas unos minutos más y bajan dos preciosos niños, con uniforme de colegial planchado, lavados y peinados. Lo que hago es mirarlos y remirarlos. Después me regodeo en el orgullo de que son mis nietos. A la hora fija de menos diez, los recoge su tía la maestra y juntos van al colegio. Allí estarán toda la jornada hasta las dos y diez que los vuelve a dejar en casa de nuevo.
La paz aparece en casa. Son las nueve de la mañana. Me enfrasco en el trabajo. Abro los ordenadores, hablo y chateo con medio mundo, atiendo y contesto el correo. También mi mujer aprovecha para hacer algún recado en la calle y sale raudo sin pérdida de tiempo. Antes de salir, María aparece para dejarnos a Roque, el perro de Jero. Roque entra presuroso y contento. María con prisas, se va a despedir su soltería con sus amigas a Málaga.
El tiempo se me ha pasado volando cuando antes de las once oigo unos suaves golpecitos en la puerta. Acostumbrado a los repartidores de la moderna logística, entreabro la celosía y aparece las deslumbrante cara de mis mellizos con su blanca sonrisa, en su doble carrito de bebés. Hay que emplearse en aperturas de puertas y en el desenredo de estorbos para meter en casa tan aparatoso carrito. Los mellizos ocupan y llenan todo empezando por captar toda tu atención. Se me olvidó el trabajo y la tarea pendiente.
Cristóbal quería mis brazos, mientras Vera nos miraba con su complaciente sonrisa. Llamé a los gatos para avisarles que habían llegado estos otros dos personajes. Curro y Pepe en las escaleras, saludaban a Cristóbal y a Vera con  desconfiante mirada. Cristóbal, en mis brazos, daba gritos nerviosos mientras acercaba su mano para tocar la cabeza de Pepe. Vera, embutida en el alveolo de su carrito, miraba sonriente. Así transcurrieron pocos minutos antes de llegar la abuela. Inmediatamente la abuela bajó una gran alfombra donde los mellizos pudieran estar a sus anchas, que extendió en toda la antesala. Bajó también un gran cesto de muñecos y juguetes que vació en la alfombra. Curro y Pepe buscaron su sitio en la alfombra también pero el inteligente de Roque encontró un punto alejado y tranquilo bajo la mesa del comedor. Los mellizos, alegres y temerosos a la vez, tocaban a los animales al tiempo que escondían y protegían sus manos dando gritos y cerrando los ojos cuando alguno de los animales se les acercaba.
Había que cocinar y hacer la comida pero ¿cómo? A saltos pudimos los abuelos hacer alguna cosa en la cocina, pero inmediatamente Cristóbal, a gatas, cogía sonriente el pantalón del abuelo y al final, terminaba en sus brazos. Entre juegos y fiestas de los bebés mellizos, llegó Pablo y al verlos, se llevó una gran alegría. Pablo sabe muy bien lo que quiere por ello cogió un dedo de la mano del abuelo y le condujo al congelador. Abo, olo. Pero Pablo no podía comer un polo antes de comer, su madre se negaba, de manera que el abuelo se empleó en distraer con juegos a otro personaje más. El bullicio ya era importante cuando Pablo dijo, “avo, Pepe”. Evidentemente quería dar de comer una loncha de pavo al gato Pepe, así que con un trozo de loncha de pavo en la mano, Pablo iba tras los gatos. Llegó la hora de dar de comer a los mellizos y la abuela se ocupó de ello. Mientras daba de comer a uno, el abuelo jugaba en sus brazos con el otro. Es posible que pudieran dormir quince minutos cada uno, en todo caso ello fue una casualidad.
No pasó mucho tiempo antes de que llegaran los colegiales Adriana y Carlitos. Estos al descubrir a los mellizos y a Pablo, adivinaron la fiesta y se pusieron a loquear. Rápidamente subieron arriba para cambiarse de ropa y les dirigimos a la cocina para que comieran espaguetis con tomate. Pablo también emuló tener un platito, pues ya va siendo mayor. No en vano pronto cumplirá dos años. A los postres, voces, gritos, saltos, patadas al balón… Las fuerzas empezaron a faltar, cuando la abuela muy perspicaz, puso una copa de vino al abuelo en la mano. Adriana y Carlos dominan la casa y la situación. Saben dónde está todo y disponen de lo que quieren y cuando quieren. Por ello no les gusta mucho cuando llegan sus padres a por ellos, pues les interrumpen sus juegos. El caso es que llegó Cristóbal y después Jose, a por sus hijos.
Pablito y Carlos se fueron los primeros con sus padres, Ana y Jose. Los demás quedamos a la espera de Marta quien había salido ya de Córdoba. El viaje de Córdoba con los calores del estío, no dejar de ser una heroicidad a estas horas. Por este motivo, cuando Marta llegó, querían llegar a su casa sin detenerse más. Eran casi las cuatro de la tarde cuando, sin poner mantel en la mesa, los abuelos comieron y se quedaron solos.
La siesta era merecida y aunque no se duerma, al menos se descansa viendo o zapeando la televisión.
No eran las seis de la tarde cuando llegó Felisa con su sonrisa. Felisa transmite su alegría y dan ganas de estrujarla. Es alegre y no se está quieta. No para de moverse, por lo que va de brazo en brazo de los abuelos sin que estos puedan estarse sentados en un solo sitio. Como viernes que es, Ángela habla de llevar los niños al parque y cuando Quique llega, ya se ha organizado la salida al parque por la noche.
El abuelo aprovecha para ponerse a trabajar. Habla con Nueva York, con Chile y con Córdoba. Pero termina pronto y no se compromete a nada más porque se tiene que duchar, vestir y llevar en su coche el cochecito de los mellizos, dejado a propósito en casa, por el calor del mediodía.
El parque estaba lleno de niños jugando y lleno de padres jóvenes sentados en la terraza del bar. Carlos jugaba a la pelota con otros niños mayores y Pablo andaba de un sitio para otro, conocedor del lugar y sobre todo del tobogán, aparato que le encanta. Felisa, en brazos de unos y de otros no perdía detalle de los que llegábamos. El abuelo se sentó presidiendo la mesa más grande y larga de la terraza. No hizo falta hablar mucho más. La mesa se fue llenando con la llegada de los mellizos y de Adriana con sus padres. Más tarde llegó Quique, al terminar su trabajo. Los niños jugaban alegres, los bebés iban de brazo en brazo. El abuelo siempre tenía un bebé en brazos. Felisa, Vera, Cristóbal, hasta que fueron cayendo dormidos. Mis hijos hablaban… el abuelo, yo, pensaba que podía ser el hombre más dichoso que allí había.

Nos recogimos a una hora muy prudencial por los niños. Ya en la cama, oí llegar a mi hijo Jero a casa. Para entonces, ya el abuelo no tuvo fuerzas para levantarse de la cama. Pensó que lo que ya solo tenía que hacer en su vida, era solamente querer a su mujer a sus hijos y a sus nietos. Y soñó con los angelitos de sus nietos, pensando en un merecido descanso de un día, llamemosle, normal. El abuelo, yo,… durmió profundamente.

sábado, 5 de abril de 2014

Mágica noche de San Juan

En la mágica noche de San Juan, cuando Pepe Callejón organiza a través de la asociación Puerta del Agua un ágape de convivencia mágico cultural, mi hija Marta recogió pensando en mí un minipergamino enrollado con cinta de raso y con una frase de Vicente Núñez, entresacada de sus sofismas.
       “Quienes se enredan en los delirios de la sabiduría no encontrarán la hermosura”
       Confieso que no me quedé tranquilo ni con el pensamiento ni con la intención del regalo. Al quitarme y ponerme las gafas de lectura que utilizamos a partir de los cincuenta años todos los humanos por el desgaste de la retina, me di cuenta de algo que podía ser una explicación. Yo nunca quise ser sabio, sino aprender, o mejor, conocer el mundo y la vida que se desarrolla en él. Por ello siempre he tratado de ponerme unas gafas que me permitan poder comprender el mundo. Me pruebo unas, me las quito. Pruebo otras, veo casi bien pero no bien del todo. Me gradúo la vista pero al poco tiempo veo borroso. Y este es el signo de la vida para el común de los humanos. Nos pasamos la vida buscando unas gafas para poder ver con claridad el mundo y comprenderlo. Por lo tanto yo nunca tuve delirios, siempre estuve buscando gafas que me permitieran ver donde vivo.
       En nuestras conversaciones diarias me doy cuenta de lo mucho que le interesa la política a quien habla de ella, de lo mucho que le interesa Dios a quien habla de Él, de lo mucho que le interesa el comportamiento de los hombres a quien habla de ello. Y a todos nos preocupa saber quiénes somos y saber a donde vamos.

       Hace tiempo que tengo unas gafas de ver el mundo y la vida y he podido comprender cuatro cosas muy importantes en la historia de la humanidad. Una es la razón que los griegos no enseñaron a usar. Otra es la ley, que los judíos nos enseñaron a respetar. Otra es el amor que nos trajo Jesucristo como único norte de la vida. Y otra es la compasión budista que nos enseña cómo respetar a los demás. Son cuatro claves de la vida que se pueden ver con mis gafas. Pero no siempre veo el mundo con claridad. Veo borroso muchas, muchas veces.

       No se si será la mágica noche de la Puerta del Agua pero mis gafas de comprender el mundo me hicieron descubrir por encima de la uniformidad y de la mismedad, como decía Zubiri, dos nombres. Uno se llamaba Teilhard de Chardin. El otro Ervin Laszlo. Teilhard aplicó la teoría de la evolución al hombre e hizo el Universo más inteligible. Con Laszlo y sus teorías de los tres grandes reinos de la evolución, el medio físico de la evolución de la materia, el reino biológico de la evolución de la vida y el reino de la historia que comprende la evolución de la sociedad humana, pude comprender mejor éste mundo que nos rodea. ¿Me habrá traído San Juan unas gafas definitivas?
       Sentados en círculo, los magos nos hablaban a la luz del fuego y unas notas musicales flotaban en el aire sacadas del piano por las manos de mi hijo Jerónimo. Momentos de sublime sensibilidad nos introducían en la mágica noche. En la oscuridad divisaba un radiante rostro de una vestal. Era mi hija Ángela impresionada por las disertaciones de quien decía hablar con los del más allá.

Ya en la recogida, casi al alba, la mágica noche de San Juan me traía recuerdos de mi tierra. Oía una cancioncilla.
Que quieres que te traiga, serrana,
que voy de feria.
Para manos tan blancas,
sortijas negras,
sortijas negras.
¡A cortar el trébole, el trébole, el trébole!
¡A cortar el trébole,
la noche de San Juan!
¡A cortar el trébole,
los mis amores van!
       La cancioncilla seguía diciendo que la muchacha era como la Rosa de Alejandría, colorada de noche y blanca de día. Que era como la nieve que cae a copos, por eso te quieren tanto mis ojos.
       La noche avanzaba con su negritud y mis pensamientos se tornaban al sofisma de Vicente Núñez. No encontrarás la hermosura. Pero yo veía la hermosura de mi hija Marta con su sonrisa tan especial. Marta todo lo llena de hermosura.  Pienso que es mi Rosa de Alejandría. Su sonrisa alegre, clara, limpia…es el espejo de su alma. Veía  la hermosura que me rodeaba, en todos mis hijos. Ángela, mi pequeña, radiante y preciosa toda la noche. Jeromín llenando la noche de sensibilidad con su piano. Y la hermosura de Ana, mi hija mayor, heredera de sublimes beldades. Ella no estaba allí, pero su sombra se esparcía entre nosotros para el gozo mío y de mi mujer.  Me duermo lentamente abatido por el cansancio del largo día. Contento. Satisfecho. Ha sido una mágica noche de San Juan en la Sierrezuela. Y llena de hermosura.

martes, 18 de marzo de 2014

Una lágrima a título póstumo

Me he encontrado éste escrito en mis papeles…y no he dudado de enviarlo a publicar, pero nigún medio lo hace. Parece como si estas  notas  estuvieran fuera de lugar.  Sentí cómo los marginados eran marginados. Nadie los quería. Y arremetí contra todos. Después de veinte años sigo pensando lo mismo.

“Hace mas de diez años escribí una carta abierta al Gobernador de Córdoba y a las autoridades de Aguilar tales como alcalde, juez, policía y guardia civil, curas e iglesia, en la que pedía que matáramos a Solecito. Mi carta arremetía con todos aquellos ciudadanos de orden, cofrades todos ellos de mil cofradías, padres intachables y modélicos, que pedían castigo para aquel chaval que para meterse la muerte en sus venas nos tenía acostumbrados a los pequeños hurtos y fechorías, todos con su nombre y apellidos. Apenas si se escondía, lo que indicaba que no era ningún ladrón. No tenía apenas nocturnidad ni alevosía en sus fechorías. Estaba necesitando ayuda, pero nadie se la daba. Mi carta requería a las autoridades que se ocuparan de él y en un arrebato de rabia pedía que Dios demandara a nuestras autoridades y políticos, muy ocupados en insultarse y querellarse unos contra otros, su responsabilidad en la muerte de Solecito, porque era una letra a noventa días. Aquel chaval de veinte años molestaba a todos. Y yo creía que la sociedad debía ayudarle porque si no se le ayudaba, éste moriría. Pero no tuve reaños de publicar la carta, o tal vez era una de tantas rabietas mías contra esta jodida sociedad del bienestar, de la que yo una veces soy empleado y otras empresario creador de negocios y empresas y por tanto, muy conocedor de las asquerosidades que huelen a intereses egoístas y dinero, dinero ante todo. Y me culpo por ello. Nos hemos levantado un día mas en Aguilar. La mañana está fresca y el día empieza a alborear. Los aceituneros ultiman las peonadas de la cosecha yendo al campo a primera hora de la mañana. Las calles empiezan lentamente a llenarse de ruido. Los bares del pueblo sirven el primer café y allí se oye el primer comentario. “Disen que El Solesito murió de sida en la cársel de Córdoba”. Un silencio se hizo en mi corazón. Le pedí a Dios que le acogiera en su seno y maldije a cuantos políticos, jueces, gobernadores, curas, obispos, ministros, presidentes y guardias civiles que pasaron por mi cabeza, y, también a cuantos cofrades modélicos padres de familia pedían justicia y paz en el pueblo y que lo que había que hacer era encarcelar a Solecito. Aquel atardecer, por aquel camino, yo le explicaba a aquel muchacho que apenas conocía, que debía dejar los porros y la droga, aunque yo no sabía a ciencia cierta que podía estar consumiendo droga, pero amagaba por si acaso. La verdad es que era un problema siempre en el trabajo. Creo que no trabajó nunca en otro sitio. ¿Quién podría contratarle?. En aquellos días el Ayuntamiento le concedía algún que otro día de trabajo al salir en las listas del Inem. Pedía su jornal por adelantado y yo le decía que a partir de aquel día no le íbamos a dar más anticipos. No perdía la cara a su problema y aquella tarde me decía que necesitaba ayuda, que ahora se encontraba muy ilusionado porque había una chica a la que quería y quería poderle ofrecer algo bueno. Sin esperanzas, sin futuro...la gente dice que no quería poner nada de su parte. La droga mata, pero apenas si se tenía veinte años. Cada vez era mayor la dependencia. Solecito nos pedía dinero porque no quería robar. Pero se llevaba todo lo que podía. Nos vendía papeletas de rifas inexistentes. Y aguantaba todo y a todos. A los buenos que le daban consejos, a los que le propinaban puntapiés físicos y morales. A los viejos y a los jóvenes. Pero todo el pueblo pedía que se lo llevaran, que lo encerraran, que no volviera. Y la gente sabía que no era malo. De vez en cuando, con la borrachera o con la droga cabalgando hacia la muerte, balanceándose porque apenas si se tenía en pie, entraba en la iglesia e iba a comulgar. Quería, tenía necesidad de recibir al Señor, el único que no le aprisionaría. Aquel muchacho escoria de Aguilar comulgando… Vaya cuadro para los cofrades perfectos padres eméritos. Con el cura Pacho comenté mas de una vez la estampa de Solecito comulgando. Impresionante. Pacho le daba al Señor con agrado. A Solecito le daba igual confesar, que no confesar. Nos molestaba su estampa pero nadie le ayudó. No tuve valor de sacar a la luz pública aquella carta que escribí hace diez años en la que harto de los comentarios de “la buena gente”, proponía acabar con el problema condenando a muerte a Solecito y arremetiendo contra todos aquellos que no le ayudaban, sobre todo contra las autoridades, porque estábamos viendo todos que Solecito se moriría joven. Y se murió. En los últimos tiempos, con su sida a cuestas, sin fuerzas para hablar y molestando con su sola presencia, le echaban de autobuses y espacios públicos donde había gente. Detención tras detención. Juicios y juicios. Penas y penas. Y pagando cárcel a la justicia, empleó su vida de adulto. Apenas una década de un hombre que no era malo. La cárcel lo destrozó definitivamente y por fin lo matamos entre todos. Yo maldigo a esta sociedad del bienestar. A la que premia a los inteligentes y sesudos, a la que ríe con los pudientes. Maldigo a sus dirigentes y a sus banqueros y a cuantos imparten su justicia de justos. Maldigo a los perfectos padres de familia que son espejo de modales y costumbres. Maldigo a cuantos religiosos de cualquier credo cohabitan con no se qué credos. Maldigo a esta sociedad nuestra que entre tambores de Semana Santa matamos a nuestra buena gente que cae en la droga y no les tendemos ni una mano. Uno a uno y uno detrás de otro, se nos mueren jóvenes drogadictos. Y me maldigo yo también. Soy un mediocre y vulgar hombre de pueblo, un pequeño número, un pequeño nada. Pero Solecito fue menos y nadie le socorrió. Tal vez aquella muchacha de la que un día me habló, pero creo que todo terminó con el alba. Este es mi homenaje, Solecito. Publicar la carta que escribí hace diez años. Reivindicar tu memoria de muchacho bueno. Y maldecir la poesía, la felicidad, la belleza, la fe, la dignidad, la alegría, la honestidad, el honor, el trabajo, el amor, y todo aquello que tú no tuviste. Y termino pidiendo una sola lágrima por ti y por tantos como tú, que tenemos entre nosotros, de cuantas personas lean este sencillo homenaje, para que allá en el cielo, donde estoy seguro de que estáis, le digáis a vuestro Padre que algo habéis recibido en la vida…, una lágrima a título póstumo.”

sábado, 7 de septiembre de 2013

BIZCOCHO PLANCHA

A vueltas con mi pastelería... Se me va a olvidar el oficio. Y hay que dulcificar la vida. Que conste que tengo mucho interés en que estas recetas las hagan los hombres. Pero son las mujeres las que me las piden. Es de las pocas cosas que me piden...¿Cómo no se las voy a dar? BIZCOCHO DE PLANCHAS 12 Huevos 300 grs. de azúcar 250 grs. de harina floja 50 ml. almíbar (azuc + agua) 1) Desclarar los huevos 2) Montar las claras con 2/3 partes del azúcar hasta conseguir el punto de nieve, bien fuerte. 3) Montar las yemas a mano con el resto del azúcar y el almíbar, hasta blanquear las yemas. 4) Añadir las claras montadas al batido de yemas. Una vez ligado todo añadir la harina TAMIZADA con cuidado para no bajar la masa y que ésta se quede homogenea. 5) Escudillar en la lata a 1 cm. de grosor. 6) Cocción a 200º - 210º, con tiro abierto y a 7 minutos. Puede ser 10 ó 12 minutos si la temperatura del horno es menor. Salen 3 planchas, de un horno casero normal.

A PABLO



Te presentaste por sorpresa.

Pequeño y humilde,

no podías llamarte más que Pablo.

Las Perseidas te definían emotivo, cuidadoso, diligente.

Pero yo ya te quería fueras como fueras.

Y eras tú. Original, inteligente y buscando tu propia autoridad

entre los niños que te precedieron.

Aquella calurosa noche de agosto

una rauda estrella rasgó el firmamento y clareó todo el cielo.

Pedí un deseo, sabía que venías ya.

Ardí en deseos de abrazarte y decirte

que te querré miestras viva, que te protegeré.

Que sepas que siempre estaré contigo

porque los abuelos siempre están.

Solo que un buen día, símplemente desaparecen.

El abuelo.

jueves, 8 de agosto de 2013

De Candeleda, origen de su nombre y algunas pinceladas

Tan poco dado he sido a los “aleluyas” que, francamente, siempre me molestaron los que hablan de que lo mío es lo mejor… Así iba yo pensando una de estas mañanas veraniegas, mientras gozaba de un paseo por las frescas y umbrías calles de mi pueblo. Pero no encontraba en toda la geografía española, pueblo como mi pueblo. Limpio, alegre, lleno de vida, paraíso de niños y mayores por tener desterrada la circulación de vehículos… Y seguía cavilando mientras saludaba con mucho cariño a unos y a otros. La cruel arruga en algunos, delataba al tiempo fugaz, pero, ¡Ay corazón candeledano¡… ¡Cómo sobrevives al paso del tiempo¡ Las calles limpias y alegres son las arterias donde fluye la vida y la alegría. Llena de macetas y flores, como la Córdoba cristiana, judía y mora, Candeleda se erige un monumento a la sencillez, porque las viejas casas y calles de sus sencillas gentes, no pueden estar mejor ni más bonitas. Calle de La Corredera, calle del Pozo, Calzailla… todas. Que me perdone el lector pero concluyo mi paseo convencido de que mi pueblo es el mejor. ¿Y para usted cuál es?

Si no fuera por las posibilidades que nos da Internet, a los vejestorios como yo, que a ciertas edades nos da por leer historia y aprender lo que antes no aprendimos, no sería posible hacer hallazgos con los que nos deleitamos y gozamos, Y así, continuamos conociendo mejor nuestras cosas y se nos acentúan las ganas de seguir aprendiendo.

Amparo Ricós Vidal, de la Universidad de Valencia, tiene un estudio titulado “Estudio Léxico-Semántico del nombre de los caminos en el Libro de la Montería” que recoge las Actas del IV Congreso de Caminería Hispánica, Tomo III, págs. 1199 – 1.220.

Situado el “Libro de la Montería de Alfonso XI” en el siglo XIV, tal vez sea éste libro uno de los primeros textos en el que se recogen nombres de lugares del Reino de Castilla. El libro tiene un indudable interés científico y documental para conocer mapas medievales, pero tiene también una importancia filológica al analizar los nombres de los lugares y topónimos, ya que con frecuencia se utilizaban nombres descriptivos para llamar a un lugar. Así los caminos son descritos con apelativos que designan a las vías de comunicación. Hay palabras que nos suenan mucho en Candeleda referidas sobre todo a los accidentes geográficos de las montañas tales como, puerto, portilla, portizuela, collado, rebentón, calzadilla, robredillo (no robledillo), contadero, cañaliega, robledal… O palabras para describir lugares donde abundan animales como, aguilar, colmenar, galapagar; o plantas como, linares, mesegar, palancar, quexigar, quintanar, retamar, o añadiendo sufijos como carrizosa, morales, ordiales, perales, etc, o también cardoso, carrizosa, finojosa, etc.

Pero lo que más nos interesa a los candeledanos es el uso del –edo/-eda que aparece frecuentemente en la formación de derivados de las plantas, tales como y cito textualmente, aliseda, candeleda, ciroleda, fresneda, peraleda, rebredo/rebredillo, tejeda/tejedillo…

Ya solo nos faltaba saber que la candela es la flor del castaño y de la encina. Y lo más probable es que el lugar de nuestro pueblo se distinguiera por ser un lugar de castaños (Los Castañuelos) más que de encinas. Las encinas estarían poblando los lugares de la otra parte del río Tiétar.

Según el diccionario DCECH, Candeleda: Derivado de candela, “flor de la encina y del alcornoque, en Salamanca”, “flor del castaño”. Según el diccionario de DCECH, es derivado regresivo de candelilla.

Candeleda, candeleilla, rebentón, calzailla, tejea, portichuela, … hay que leer el Libro de la Montería de Alfonso XI porque los candeledanos encontramos nombres muy familiares.

El libro sigue describiendo los caminos medievales de entonces y al igual que hoy decimos, de la chopera del Paloma a la toma de agua potable, o de la alameda de Mari Nieves a Chilla, entonces se decía, de la candeleda a Chilla. Así son descritos los caminos:

- desde el camjno que viene del çerro para *Lagunjlla (VIII, 70)

- por el camjno que va de la *Candeleda fasta Sancta Maria de Chienlla (IX, 72)

- por el camjno que va de la *Candeleda a Val Verde (IX, 72)

- fasta la Carrera de la *Candeleda (IX, 72)

- en el Camjno de la *Candeleda (IX, 72)

- por el camjno que va de la *Candeleda a Las del Llano (IX, 72)

- en el camjno de la cañada (IX, 73)

- en el camjno de en çima que ua de Las del Llano a la *Candeleda (IX, 73)

- en el camjno que ua de Las del Llano a Naual Toro (IX, 73)

- en el camjno que viene de Rama Castañas a Las del Llano (IX, 73)

Bueno, por fin me he enterado de dónde viene el nombre de nuestra querida Candeleda. Había oído “Canes de Leda”, “Condes de Leda”, “Canda Vera”, “Candaleda, de cándalo, pino”, o como dice Tejero Robledo para explicar el topónimo, hay que atribuirlo al término prerromano “kando” que es la base etimológica de “candenal” (asturiano-galego) y “cando” (galego) que significa <> y de la misma forma del castellano “cándalo” que es <>… pero creo que todo esto tiene poco que ver con “ La Candeleda “. Qué simple y qué bonito es saber que nuestro pueblo tiene el nombre de la flor del castaño. Ya cuando alguien me pregunta que de dónde soy y le respondo que de Candeleda, y me vuelve a preguntar, ¿de Candelera?, tal vez por la aproximación de candelero, esta pregunta es muy corriente, pero ahora les digo: No, de ¡Candeleda, la flor del castaño¡ ¡No seas ignorante¡

Y presumo del nombre de mi pueblo. Es el de una flor.

Algo parecido nos pasa con Chilla. Decía un obispo de Ávila, D. Felipe Fernández, que el nombre le viene de la misma blancura de las nieves perennes del Macizo de Gredos, que tiene por hastial norte. El hastial en las iglesias es cada una de las tres fachadas que corresponden a los pies y laterales del crucero. Y en las casas, el hastial es la parte superior triangular de la fachada donde descansan las dos vertientes del tejado. Pues bien, hay que pensar en el cuadro donde el caminante que sube a Chilla en novenario, divisa la ermita enmarcada en el portentoso hastial blanco por las nieves, a modo de Catedral del Macizo de Gredos. El nombre de Chilla no es más que una derivación popular del griego Xiela, Chiela, Chilla, que significa blancura.

Por lo tanto Chilla es “la xiela perenne del hastial norte de Gredos”, que es algo así como decir que es la blancura perenne de nuestra sierra y por extensión, lo más puro de nuestra sierra.

Los tiempos modernos, empiezan a darnos pistas de que nuestro pueblo era más importante en la antigüedad que en la modernidad.

Los historiadores empiezan a preguntarse que el famoso “Monte de Venus” de los griegos, descrito por los historiadores griegos que contaban las gestas épicas de sus héroes, y a donde se retiró Viriato (Mons Veneris, otros hacen referencia a monte de veneros de aguas) varias veces después de sus batallas contra los romanos, no era otro que nuestro Almanzor. Dependiendo del lugar de nacimiento de los opinantes, al Monte de Venus le han situado en la Sierra de San Vicente, en Portugal, en zonas extremeñas. Pero hasta ahora no había aparecido el castro de El Raso con su majestuosa muralla y su ubicación tremenda. Esta joya de la antigüedad de los pueblos primitivos ibéricos, nos da la pista de la importancia de Candeleda en la antigüedad, que si bien su nombre actual procede de la edad media con raíces prerromanas, sus hallazgos arqueológicos nos sitúan entre los lugares poblados en España con mayor antigüedad. Hasta empiezo a reivindicar para nuestro Almanzor el famoso nombre de Monte de Venus, o Mons Veneris haciendo referencia a nuestro lugar de veneros de agua. Esto de los veneros de agua es muy candeledano ¿no?. Pero lo dejo a los historiadores, no sin antes remarcar a todos la importancia de nuestra zona como capital de pueblos primitivos ibéricos.

Y antes de que existiese España. ¿Qué era Candeleda?

Pues era un Estado. El Estado de Candeleda que comprendía un territorio que llegaba hasta la zona de los Ibores, mas allá de Navalmoral con los lugares de Bahonal, Berrocalejo, El Gordo, Puebla de Naciados, Talavera la Vieja que fue inundada por el pantano y Valdeverdeja. Fue uno de los 16 señoríos que había en Avila y además… estado. Estado con capacidad de administrar justicia y con cientos de referencias a ello como por ejemplo la orden de los Reyes Católicos a las justicias de la villa de Candeleda y a los tesoreros de la Cruzada del arzobispo de Toledo que a instancias de Antón de Alarcón, hermano del difunto Pedro de Alarcón, se cumpliera la ley dictada en las Cortes de Madrigal relativa a los bienes de un finado que sin testamento en vida irían a las órdenes religiosas para el rescate de cautivos. ¿ Pero sabéis lo que darían pueblos importantísimos actuales, por tener una historia medieval en la que hubieran sido estados ?

No se por qué nunca hemos dado demasiada importancia a la historia de nuestro pueblo cuando en realidad la tiene y mucha. Yo animo desde aquí al Ayuntamiento, que se ocupe y preocupe de una investigación para ser publicada, que vaya dirigida a obtener apuntes para ser recogidos en una “Historia de Candeleda”, como ya ha iniciado Jesús Rivera. Animo al rastreo de referencias históricas, porque las hay. Esto puede dar mucho de sí.

Otro hallazgo más personal. Siempre me sorprendió encontrar mi apellido Monforte, tan extendido en Candeleda, en los pueblos de la Vera. Incluso conocí a gentes con unas características morfológicas que yo conocía perfectamente porque son las de mi familia. También ha sido Internet el culpable del rastreo hasta encontrar un inicio de un origen. El apellido tiene su asentamiento en Pasarón de la Vera procedente de Francia y parece que puede tener que ver con el asentamiento de los cincuenta que vinieron en la corte de Carlos V a la zona de la Vera. Efectivamente venían dos Monfort en la guardia personal del Rey y que se habían iniciado como pajes suyos. Uno de ellos pertenecía a la familia del Presidente de las Cortes de Borgoña, el otro llamado el italiano, de la rama Montfort francesa. El Rey se retiró a los aledaños de Yuste, donde tal vez encontró una paz deseada. Y así se tiene constancia ya, de un natural de Pasarón, nacido en el lugar, en 1550. Un poco más tarde, también en el siglo XVI, se tiene constancia en los libros de bautismo de Candeleda del primer “Monfor”. Luego los Monfortes de Candeleda y de la Vera, tenemos aquí una explicación del porqué de la existencia del apellido en la zona.

Por último. Siempre me pareció que en Candeleda hablábamos muy mal, con palabras que no son del uso común y construcciones muy raras. Hasta que leí el “Guzmán de Alfarache”, “La Lozana Andaluza” o el mismísimo “Don Quijote de la Mancha”. En Candeleda en absoluto se hablaba mal, sino que mantenía vivo un lenguaje antiguo con palabras muy, pero que muy antiguas, con el significado de siglos y siglos. Hasta el término ese de “no me vaga”, que actualmente solo se dice en nuestra zona, es una expresión de la edad media que viene recogida en el Quijote. A partir de ahora, ya digo a los eruditos, que si quieren aprender castellano viejo que se den “priesa” y vengan a mi pueblo. Hemos mantenido vivo un lenguaje muy, pero que muy rancio.

Apenas contaba once años cuando salí de Candeleda por vez primera a estudiar a Madrid. Desde entonces volvía a casa solo en vacaciones. Recuerdo que al divisar las primeras casas desde la Vuelta del Esparragal o desde la curva del Centro, un escalofrío de emoción me recorría mi cuerpo. Hoy, ya en edad provecta, cuento con sesenta y dos años, sigo volviendo a casa solo en vacaciones. Pero el mismo escalofrío de emoción recorre mi cuerpo al divisar las primeras casas de mi pueblo. Me espera mi madre, mis hermanos, mis sobrinos, mis tíos, mis primos, la memoria de mis ancestros… pero también mis vecinos de toda la Calzailla, mis quintos, y todo el pueblo. Y también mi pandilla de amigos desde que tengo uso de razón y que en Candeleda los distinguimos, no como amigos, sino como un grado algo superior en familiaridad. Carlos, Jaime, Angel, Justo, Miguel Angel, Jose, Luís, Josemari (Actual Alcalde), y la memoria de Castor y Tito que nos dejaron y cuyo recuerdo ondea al viento en el Almanzor. ¡Cómo no me voy a estremecer!

Candeleda, flor, estado, hidalguía y universidad de la lengua. Recuerdo un antiguo slogan cuando apareció tímidamente la propaganda turística que decía: ¡ Yo de Candeleda ¡ ¿ y usted ? Nos gusta, nuestro pueblo, esa es una característica candeledana, pero también es la generosidad otra de nuestras características que más nos distinguen y por eso decimos que para ser candeledano, no es necesario haber nacido aquí, solo basta con querer serlo. ¡ Qué grandeza la de mi pueblo y mis gentes ¡



sábado, 14 de abril de 2012

SOLILOQUIOS DEL ABUELO

Cuando la espalda me estaba matando, por las consecuencias que producen las malas posturas a la gente de mi edad, me debatía yo pensando en los remedios que mi amigo Miguel, desde Pamplona me envío por email. Ese magnífico invento moderno de correos electrónicos. Es el cloruro de magnesio. Hace apenas unos días me llevaron por primera vez a las urgencias de un hospital y en unas horas y por medio de unas radiografías me diagnosticaron un pinzamiento, sin duda debido a malas posturas…, artrosis degenerativas por todos los lados…, y unas pócimas en formas de pastillas que en cuatro días me hicieron andar derecho. ¡Qué le voy a pedir a la vida si ya estoy en la edad provecta!. Lo que pasa es que soy enemigo de los matasanos, por eso mi amigo Miguel acertó en informarme de las virtudes y parabienes del magnesio. Ahí estaba yo con mis cuitas, cuando llegó Nana con apenas medio año de existencia. Nana es la sonrisa. Antes de nacer adiviné que la sonrisa más bonita del mundo se llamaría Adriana. ¡Y vaya si acerté! Tampoco era nada complicado porque conocía la sonrisa de su madre…Pero Nana tiene en su sonrisa esa cualidad que tiene la luz para alumbrar la oscuridad. Cuando Nana te regala una sonrisa, es como cuando enciendes la luz en la noche. Todo se ilumina y puedes ver y sentirte cómodo. La sonrisa de Nana es así, desprende sentimientos amables que impregnan todo lo que a ella le rodea. Por ello cuando está malita y no destella su sonrisa, es como cuando falta luz en la habitación.

Nana, cuando apareció me regaló su sonrisa y se me quitaron todas las rigideces de la espalda vieja que tengo. Sin embargo seguía con su voz ronca, todavía no está restablecida de su garganta, por ello me angustiaba al oír su vocecilla. Ella, con cierto esfuerzo, se empeñaba en sonreírme sin saber que esa es la mejor medicina que tenemos los abuelos. En ello estábamos los dos cuando llegó mi otro personaje de apenas dos años y medio. El bichito de luz. Al llegar se puso loco al ver a Nana, porque Nana con su sonrisa nos está enseñando a los “tros”, a quererla más cada día. También estaban la abuela y los padres de mis nietos. También alguno de mis otros hijos. Pero ellos estaban hablando de cosas de mayores libando néctares y entre sabrosas colaciones.

Estuve desfilando con el bichito de luz de lengua de trapo, al son de un tambor hecho con una carterilla de plástico, al ritmo de las marchas procesionales de estos días semana santeros. Él era el músico mientras desfilábamos sirviendo a los mayores sus viandas. Sostuvimos nuestras habituales charlas… ¿Popé?.. Pope… El bichito de luz de lengua de trapo está para comérselo. También tiene momentos en que actúa como bichito. Entonces le digo..”Bichi”.. Eso no. Pero a mí qué más me da, si en el fondo me encanta todo lo que hace. Es cuando salen a corregir lo mayores. Las hormonas.
-¿Qué .. Belo?.
-Bichi, eso son los de las hormonas.
-¿La modnas?. … -
- Sí, esas.
- Vale.
Las hormonas son las únicas que rompen la felicidad del bichito cuando le hacen llorar. Y tras subir las escaleras sin hacer caso a las advertencias de su padre, tuvo uno de esos desenlaces de un lloro por desobediente. El bichito está rodeado de hormonas que le quieren a rabiar. Ayer estaban su padrino, que le adora, su padre y su tío Piliqui. También su madre, su tía Marta y su abuela. Y por supuesto su ojito derecho, Nana. Yo le dije al bichito de luz que un niño no es un adulto, que es un niño. Por ello no debe ser evaluado con criterios de adulto. Y por ello ve el mundo desde su propia perspectiva. ¿Popé?... me dijo. Yo le dije.. Pope tu padre no sabe que yo te he enseñado a subir las escaleras y las subes mejor que yo. Ahora comprenderás porqué tienes que subir y bajar agarrado a las tiras metálicas de la barandilla. Por eso todavía no te has caído nunca. Aunque no te arriendo las ganancias… el que te caigas de las escaleras es cuestión de tiempo, porque es que no llegas con tu pierna a la altura de los escalones todavía.
- A mi uta ubir leras riba.
- Sí, pero tienes que obedecer a los de las hormonas.
- ¿Popé?
- Mira, bichi, la inseguridad e inestabilidad de los hijos es consecuencia de la falta de autoridad y de la exagerada condescendencia de los padres.
- ¿Popé?
- Porque los hijos necesitan de autoridad para poder desarrollarse como personas sanas y sociables.
- ¿Popé?
- Porque la personalidad del niño tiene límites. Los niños necesitan autoridad para poder desarrollarse, porque cuando nacéis os damos todo el placer posible, todo lo que se os antoja, os creéis que os merecéis todo y que el mundo gira a vuestro alrededor. Y tenemos que ayudaros a pasar del placer a la realidad, donde lo que prima es el esfuerzo. Y ya ves, que eso lo hacemos con mucho, mucho cariño, para enseñaros a que en la vida, para conseguir el placer hay que hacer un esfuerzo que no es gratis. Por este cariño no os traumatizáis y eso sí lo hace bien mamá, que está ahí pendiente. Y yo también, que os quiero mucho a Nana y a ti, hagáis lo que hagáis.

Bichito de luz no entiende pero sí siente. Algún día sabrá que padres demasiado consentidores crean en los hijos una aceptación de la frustración muy mala para la vida. En una vida de relaciones hay que ser capaz de soportar la más pequeña contrariedad, un esfuerzo en los estudios, una renuncia por otro niño…, y tantas y tantas renuncias como te exija la vida. Bichito no entiende porqué los de las hormonas son los únicos que le hacen llorar de vez en cuando y yo no lo hago, porque mis hormonas son tímidas. Ellos le quieren mucho, mucho, mucho, y es un privilegiado. También Nana lo es. Es una privilegiada porque le quieren mucho, mucho, mucho.
- ¿Belo queren maz que tú?
- ¿A quién a Nana y a ti?
- Zi.
- Mmm… no sé, no sé, no sé…
El bichito de luz y Nana, la de la sonrisa luminosa, se fueron porque ya había que dormir y me quedé sentado en el sofá con la espalda adormecida. ¿Tal vez era esa mi medicina?
Hoy me he levantado nuevo y he querido dejar constancia a los abuelos, de que no vayan tanto al médico y se curen con la medicina de sus nietos. Puede ser un sabio consejo.