sábado, 7 de mayo de 2011

La Paloma





Y la larga noche dio paso al despuntar del alba. Madrugando más que el sol subí a la terraza para ver sus rubios rayos iluminando la veleta de la torre del reloj. La cigüeña crotora y la paloma zurera se desesperezaban batiendo sus alas en la fresca mañana. Aguilar se despertaba plácido con aquella brisa primaveral y una paz calma se esparcía entre las casas como un maná regalado del cielo. La paloma alzó su vuelo y dueña del lugar visitó las casas vecinas. También la mía. Y prosiguió su camino, su senda, su día… Nuestra Agrupación Romera La Paloma, ya cumplió sus bodas de plata. Mi pensamiento se trasladó a nuestra agrupación de amigos romeros. ¿Qué me quiso decir la paloma en su visita? Y recordé la canción… “En su pico, lleva flores; en sus alas alegrías y en su corazón, amores”. Y así, cumpliendo años y las fuerzas mermadas, caminamos juntos, ya sin Bernardo Claros. Se nos fue un día sin avisarnos para no volver, pero nos quedó su huella. Y el camino de La Paloma, son sus huellas… y nada más. Un día nos unió ese camino por la vida y por ahí caminamos juntos. Ya no somos amigos, no. Somos familia. Cuando nos juntamos ya habían nacido nuestros hijos, pero nos crecieron juntos en el camino. En ese camino, los estamos casando, están naciendo nuestros nietos. En ese camino de nuestra vida nunca vamos solos. Siempre vamos acompañados. En los malos momentos y en los buenos. ¿Cuántos son los días de campo y piscina que pasamos juntos al cabo del año? Pero la amarga realidad nos hace mella en la piel de vez en cuando. Es ahora nuestro Varo y Mary los que pasan por sus momentos de ausencia y ello nos entristece. Nuestro Manolo Varo es muy querido por todos nosotros por su bonhomía. Es noble, honrado, bondadoso, sencillo y afable. Eso lo sabe todo el pueblo. Pero para nosotros es algo más. Es nuestro amigo al que queremos mucho. Y nuestro Presidente aunque ya no ejerza como tal. Y es además el más mariano de todos. Por ello sabemos que a los dos les acompaña la Virgen de los Remedios. Pero hay que continuar el camino. Ahora la Paloma lleva un ramillete de flores nuevas en su pico, son Azahara, Manoli, Miguel y señora y Francisco Palma. Y seguimos haciendo juntos el camino de la vida.
En el camino nos encontramos con amigos entrañables como Pepe y El Pelu con sus familias. También ellos han tenido pérdidas en su caminar. Son los de Alegría Romera. Fieles a nuestro compromiso, la Agrupación Romera La Paloma, es y ha sido abierta a todo el pueblo de Aguilar. Cada día ensanchamos nuestra casa con nuevos yernos y nueras que son nuevos hijos en nuestra caseta de hermandad. También nuestros nietos empiezan ya a ser un número importante y ello nos ensancha el corazón. Por eso nuestra Paloma, en sus alas, sigue llevando alegrías. ¿Y en su corazón?
La mañana se torna fría. Los rayos han iluminado el cielo pero la brisa fresca me enfría la piel. Miro por doquier buscando la paloma. Solo los gorriones gorgojean. Ya ha llegado el nuevo día. En la lontananza diviso un ave que viene a mi terraza en dirección a la Torre. Es la paloma. Antes de que desaparezca le grito… ¿Y en el corazón Paloma?... Y una voz de arrullo me dijo: ¡ Amores ¡
Y esa es mi Agrupación Romera de La Paloma. En el pico lleva flores, en su alas alegrías, y, en su corazón… amores.

Remedios Varo



Naturaleza muerta, de Remedios Varo (arriba)


REMEDIOS VARO
Existe una ley natural que es la ley de los contrarios.
En el mundo existe el bien y el mal. Es el yin y el yan de la cultura china. Esta dualidad entre el bien y el mal, entre el yin y el yan, genera en el hombre un sufrimiento inevitable al caminar entre estas dos dicotomías.
Los pensadores del mundo siempre se preguntaron por el origen y el destino del hombre, pero también se preguntaron por los componentes del cosmos y por las sustancias esenciales del cuerpo humano. Las culturas antiguas coincidían en señalar al fuego, agua, aire y tierra (*) como elementos primigenios que constituían la materia y el organismo y ello, unido por la armonía del yin yan, en China; o por el equilibrio de fuerzas vitales, en la India; o por la equidad o isonomía entre las sustancias que integran la materia, en Grecia.

Para Remedios Varo, dos seres distintos que se contemplan, dos símbolos que forman uno, la integración de dos realidades distintas en la unidad, es el tema que encontramos en toda la vida y obra de esta pintora.

Ante un mundo en guerra en 1914, ante el conservadurismo de las clases asentadas que se acomodan con la insensibilidad de los problemas de los otros, ante lo políticamente correcto que no significa lo justo, nace con fuerza un movimiento arrollador, precursor tal vez, de otros mas tardíos como los hippies, rock, o el mayo del 68 francés. Es el nacimiento del surrealismo. Anteriormente el cubismo se había preocupado de distorsionar las formas haciéndolas cubos. En Alemania nace el expresionismo en el arte que trata de retorcer las conciencias psicológicamente. El arte abstracto da libertad a las formas y al color. El arte por el arte, tiene en el dadá ser objeto de la provocación. Pero es el surrealismo quien pretende la liberación del espíritu para soñar con una nueva sensibilidad en el mundo.

Esta pintora surrealista quiso decir al mundo con su pintura que existe una forma de encontrar la armonía en este mundo de contradicciones y difícil de entender, y que a pesar de que vemos un caos universal, existe una ley natural y es que dos polos opuestos se atraen y pueden unirse en un equilibrio de fuerzas y de paz.

Remedios Varo Uranga, una descendiente de D. Rodrigo de Varo, el aguilarense que construyó Las Descalzas, la joya del plateresco cordobés, ¿Quién iba a pensar que fue una de las creadoras del principal movimiento de vanguardia del siglo XX, el surrealismo?

¿Qué tiene que ver Aguilar de la Frontera en estos movimientos de vanguardia tan influyentes en nuestro mundo actual?
Hace ya veinticinco años por lo menos, nuestra tía María del Valle Baena, esposa que fue de nuestro tío, Rosauro Varo de Castro, con su habitual simpatía comentaba a la familia que había un abogado americano que estaba buscando a unos Varo, de Aguilar de la Frontera, para donarles una herencia importantísima de una Varo que había muerto en Méjico, riquísima, y que era pintora.
(*) Madera, agua, fuego, tierra y metal, en China, unidos por el yin yan en armonía.
Éter (vacío), viento, agua, fuego y tierra, en India, unidos por el equilibrio de fuerzas vitales.
Fuego, aire, agua, tierra, en Grecia, unidos en isonomía cuyo significado implica equilibrio, equidad, armonía y democracia.
Andando el tiempo otro descendiente de los Varo, Francisco Cabezas Calvo-Rubio, encontró un libro, “ Remedios Varo, en el centro del microcosmos”, que dio verisimilitud a lo que decía la tía Valle.
Remedios Varo sentía una especial predilección por sus antepasados de Aguilar de la Frontera, regidores de Aguilar. En su casa le gustaba hojear un manuscrito en el que se relataba la historia de la familia Varo. Este manuscrito que heredó de su padre, se perdió al estallar la guerra civil. La influencia de este libro se hace notar en su óleo “El Relojero o Revelación” cuyos personajes se encuentran vestidos de época dentro del reloj. La historia de Rodrigo de Varo y Antequera ejercía una especial fascinación sobre Remedios. Este libertino y converso después, fundó el Convento de las Carmelitas Descalzas en Aguilar de la Frontera, y Remedios, como heredera directa, podía entrar en el convento sin dote, cosa que le pasó por la cabeza en algún momento de ebullición ideológica. En el óleo “Hacia la Torre” se ve un convento del que sale Remedios con otras muchachas guiadas por la Madre Superiora. El guía masculino puede ser su antepasado D. Rodrigo de Varo, según su sobrina, autora del libro de su biografía. En otro cuento, Remedios Varo se transforma en la Beata Rodriga de Varo y de Antequera, recordando a su héroe familiar. Así, se pierden en el tiempo D. Rodrigo de Varo y Ruiz de Aguilar, D. Rodrigo de Varo y Carmona, D. Rodrigo de Varo y Antequera, D. Rodrigo de Varo y Fernández de Toro, D. Rodrigo de Varo y Varona, D. Rodrigo de Varo y Núñez de Prado, D. Juan Varo, D. Rodrigo de Varo y López Cerezo, D. Luís de Varo y Crespo de León, y, D. Rodrigo Varo y Zejalvo, su padre. Por lo tanto pertenece a la rama de los Varo que se une a los Barahona de Soto (Varona), de Cabra, en el siglo XXVII, hasta el punto que su padre y su abuelo son de Cabra. Esta predilección de Remedios por sus antepasados de Aguilar tiene mucho que ver con su propia personalidad.

En nuestra familia, el carácter de los Varo, siempre ha sido tema de conversación para los que no somos Varo de sangre, sino consortes. Por ello, cuando leía el libro de Remedios Varo y sus cosas, estaba reconociendo a un carácter Varo que me es muy familiar. Por eso, cuando Remedios Varo estudiaba en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, en 1924, con profesores de la talla de Julio Romero de Torres y Garnelo entre otros, y un tal Dalí, con pulsera en el tobillo y estrafalariamente vestido, tocaba la ocarina en el patio, todas las niñas se apiñaban alrededor de él, excepto Remedios, ella tenía demasiada personalidad para eso. Remedios decía que los cuadros de Dalí estaban mal de perspectiva y no simpatizaba con él a raíz desde una contestación impertinente que le dio Dalí. Nunca le gustaron las extravagancias de su compañero. Sin embargo siempre admiró a Picasso como pintor. Esta personalidad un tanto rebelde, de carácter idealista, bromista e irónica, salada, con mezcla de ternura , con mezcla de herejes y conversos, de divertidos y sombríos, capaces de la mayor generosidad y del mayor rencor, de grandes luchas internas, pero de porte frío y distante, muy capaces, perfeccionistas,… estamos hablando del carácter de los muchos de los Varo de mi familia. Y Remedios les tuvo predilección sobre sus otros orígenes. No podía ser de otra manera. Ella era una Varo.

El Gobierno de Méjico, se adueñó de toda la obra de Remedios como patrimonio nacional y aquí empieza la varomanía. Remedios Varo se convierte en Méjico en todo un referente del surrealismo, avalado por pertenecer al grupo creador del surrealismo de André Breton y ser la compañera de Benjamín Peret, con quién convivió en Méjico. En Méjico, Remedios Varo, Leonora Carrington y Frida Kahlo, son el referente del arte moderno del siglo XX.

Así, esta mujer que nace en 1908 en Anglés, Gerona, vive en Algeciras, Larache, y reside en Madrid, donde estudia Bellas Artes, viaja a París donde vive en varias ocasiones, se instala en Barcelona y vuelve a París y tras el estallido de la guerra sale para Méjico, viajando a Venezuela, pero regresando a Mejico hasta su muerte en 1963, se sintió siempre del origen de los Varo de Aguilar de la Frontera.

Una mujer adelantada a su tiempo, con personalidad fuerte, que no dejaba indiferente a nadie, que sobresalía en la escuela como dibujante, que no dejaba impasibles a los hombres en su bohemia de París, que anhelaba la paz como nadie, que no se vendía a ningún postor, que siempre fue ella, menuda, frágil, apenas con 50 kilos, pero de una personalidad arrolladora, con la ternura de cuidar a sus muchos gatos, e incluso alimentar a escondidas con queso a los ratones que otros envenenaban, rebelde, liberal, y consciente de que existe una ley natural de los contrarios. Solo así, he podido empezar a comprender el arte moderno de hoy con su corriente surrealista: El mundo podemos empezar a entenderlo si creemos y entendemos que del caos puede surgir la armonía china, el equilibrio de fuerzas vitales india, el equilibrio griego. Así hay mucha gente que ante lo incomprensible del mundo y de los hombres, podrá llegar a tener esperanza. Así nos lo expresan muchos artistas a los que decimos no entender.

Esa es Remedios Varo. No ha sido reconocida todavía en España, pero lo será. Es una pintora de la talla de los grandes. Compañera de Miró, en París, de Dalí en Madrid, perteneciente al grupo creador del surrealismo de André Breton, esposa o amante de Benjamín Péret, felina en busca de la paz huyendo de dos guerras hasta recalar en Méjico en busca de una vida tranquila donde pueda al fin decir al mundo con su pintura perfecta, yin, y con su expresión surrealista, yan, que existe una armonía y una paz. Dos realidades distintas, pueden unirse en una sola unidad, que nos dará el equilibrio. Y eso es una gran esperanza para muchos hombres.

Aguilar debe dar reconocimiento a quién siempre alardeó de su origen aguilarense a través de su apellido Varo. Nació Varo, se sintió Varo, y ejerció con nuestro carácter Varo. Y fue muy grande. De las más grandes de la pintura del siglo XX. Ahora me viene a la memoria aquella frase castellana de “Dios, que buen vasallo, si tuviera un buen señor”. Pues a nuestro Ayuntamiento le corresponde ser el señor que hará que Remedios Varo empiece a ser en España, un buen vasallo. Una gran pintora. El Gobierno de Méjico, lo sabe y se apoderó de toda su obra.

NOTA: Libro: Remedios Varo en el centro del microcosmos. De Beatriz Varo, editorial Fondo de Cultura Económica-
Internet: Cientos de miles de referencias, con Remedios Varo.



UN MUNDO FEÉRICO

Érase una vez un hombre que vivía en Aguilandia y al que la diosa Fortuna le regaló un preciosísimo nieto. El hombre se había acostumbrado a no tener buenas nuevas y por ello aquel regalo, le hizo ser el hombre más feliz de la tierra.

Desde el principio, como los bebés no nacen hablando, tuvieron que desarrollar un sistema de comunicación a través del tacto de las manos y sobre todo, con la mirada del alma. De ésta manera, el abuelo le contaba sus cosas al nieto desde que éste era muy pequeñito y así se entendían los dos. Al principio el nieto solo decía, ajo. Pero poco a poco fue diciendo, pa, pa, pa,… y, ma, ma, ma,… y otros sonidos de diferentes notas musicales que para el abuelo eran la partitura de la felicidad.

Un día, ya contaba el bebé con nueve meses, estando el abuelo de guardián de sus sueños, oyó en la habitación una musiquilla encantada que le llenaba de emoción. Entreabrió la puerta y se llevó una sorpresa mayúscula. Toda la habitación estaba iluminada por rayos mágicos de luz que salían de la lámpara del techo y reverberaban en las paredes y suelo del dormitorio. Por el tobogán de los rayos bajaban pequeñas criaturas vestidas con trajes de colorines y se deslizaban entre risas y al son de mágicas notas musicales. Carlitos, así se llamaba el niño, con su mirada del alma, encandilada y alegre, dijo:
- ¡Mira abuelo! Y señaló con su dedito a un personajillo con sombrero de fieltro verde y ropas aterciopeladas del mismo color. – Se llama Amore y es mi amigo.

El abuelo no podía creer lo que estaba viendo con sus propios ojos. Amore, no era más que un personajillo de unos pocos centímetros que se movía con una agilidad difícil de imaginar. Amore dijo:

- ¡ Hola abuelo ¡ Soy Amore y he venido con todos mis amigos a jugar con Carlitos. Te los voy a presentar.

El abuelo, mudo, sin habla, no podía articular palabra aunque quisiera. Miraba a su nieto y éste con su mirada del alma le dijo:

- Tranqui, tronco. Me lo estoy pasando chupi.
Amore, de un salto, se subió en lo alto de un rayo mágico donde estaba otro personajillo con alas que solía volar por la habitación, dejando en su vuelo una estela luminosa de polvo de estrellas.

- Abuelo. Ésta es el Hada de la Harmonía. Toda la música que escuchas, la escribe ella con su varita mágica y cuando las notas son llevadas por el viento, se convierten en sonidos musicales y suenan en todos los lugares alegrando el alma de las gentes que las escuchan.

El Hada de la Armonía revoloteó por la habitación en un mágico vuelo y se posó en la frente de Carlitos que yacía en la cama, mirando al techo. Con la varita mágica escribió en el aire un montón de notas musicales que cogidas unas a otras de la mano jugaban al corro dando vueltas y vueltas, e interpretando la más bonita cancioncilla que el abuelo jamás había podido escuchar. Carlitos, con su mirada del alma le decía al abuelo lo bien que se lo estaba pasando, mientas decía con un dedito en la boca, pa, pa, pa, pa,.
Amore cogió de la mano a otra criaturita de aspecto humano y de mayor estatura que él.

- Mira abuelo. Este es el Duende de los Buenos Sueños. Te habrán dicho que los duendes de los dormitorios provocan pesadillas. Pero no tienes que creer todo lo que te dicen, ya lo ves. Gracias a él Carlitos duerme tan bien.

El Duende de los Buenos Sueños traía cogidas al cinto unas bolsitas llenas de algo. Ante la curiosidad del abuelo, el duendecillo cogió una de ellas y dijo:

- Ésta bolsita contiene raíces de sueños. Esta otra contiene espumas de sombras. Esta otra contiene bálsamo de angustia. Y ésta otra contiene perfumes de melodías y compotas de sosiego. Así voy espolvoreando en la habitación lo que el sueño de tu nieto necesita.

Amore bajaba enloquecido por otro rayo mágico trayendo asido de la mano a otro duendecillo.

- Mira abuelo, Éste es el Duende de los Besos.

Pero el abuelo no entendía nada. Adivinó que las bolsas que traía al cinturón tenían escritas otras letras que decían: Polvos de besos fingidos, polvos de besos robados, polvos de besos ausentes, polvos de besos tibios, polvos de besos heridos… Amore le dijo al abuelo que el Duende de los Besos tenía remedio para todos los besos enfermos. Por eso Carlitos crecía tan amorosamente feliz.

El abuelo estaba un poco abrumado. Un duendecillo que decía llamarse el Guardián del Bosque, preguntó al abuelo si había visto al Arquero de los Sentidos. El abuelo, sin habla, escuchó que le decía:

- Es que tenemos que sembrar los amaneceres y me temo que el Arquero, esté codiciando alguna caricia, perdido por ahí.

Una abeja poeta recitaba revoloteando un poema de Vicente Núñez: Cinias de oro o alhelíes cárdenos, no fulgen en Poley….. De otro rayo mágico que le pasó rozando la cara al abuelo, bajaban alegres un grupo de corazones enamorados que traían atrapado los desquicios de un anhelo. Todos fueron a estrellarse contra la pared produciendo sonrojos de sonrisas, que adornaron aquel dormitorio. Otros duendecillos decían ser guardianes de las plantas y de los animales. Otros tenían alas en forma de emoción. Otros decían ser sanadores de la deslealtad. Otros decían ser ecos de la sonrisa. Otros esencia de la generosidad. Otros satén de la esperanza.

Sin saber cómo, el abuelo apareció sentado en su sillón del salón de estar. Estaba un poco trastocado. Pensó que todo pudo ser un agradable sueño. Pero algo no le cuadraba en su mente. Pensaba que los duendes eran traviesos y maliciosos, así al menos creía todo el mundo. Además él conocía la teoría estética del misterio de los duendes, que utilizaban los cantaores y artistas cuando hacían una interpretación subliminal. El abuelo trató de rebuscar en su biblioteca y halló a los teoréticos, que hablan y hablan... y hablan. Halló a quienes decían que una obra inspirada por el duende nos comunicaba la esencia del mundo. Halló a quien encontró los duendes en los sonidos negros. Halló a quienes encontraron en los misterios las raíces profundas ignoradas en donde se encuentra una esencia que solo sale con el duende. Así, el abuelo encontró a los que decían que el duende es un poder misterioso que todos sienten pero que ningún filósofo explica. También encontró a los que decían que los duendes eran criaturas mitológicas y a los que les calculan su popularidad en mitos celtas y nórdicos.

El abuelo se abrumó del todo. Sentado en su viejo sillón pensó en el suculento manjar del olvido. Y solo así, se fue tranquilizando.

De pronto, se sobresaltó pensando que no sabía como dormía Carlitos. Se izó de un gran salto y subió jadeante las escaleras. Abrió la habitación y una gran algarabía de mágica luz y música alegre inundaba aquella estancia. Carlitos jugaba alegre con personajillos vestidos con trajes de colores y entre risas, todos miraban al estupefacto abuelo.

Uno de ellos se le acercó, decía ser de la raza feélica y de nombre, Amore. Amore le entregó al abuelo una botella de vidrio negro y le dijo:

- Abuelo, busca en la noche de San Juan una planta llamada Cardo Santo. Solo crece en esa noche mágica. La metes en ésta botella negra y la tapas porque no puede dar la luz a la planta. La tienes así toda la noche y por la mañana, la destapas y saldrá tu duende. Él te hará tu vida más agradable. Será tu entrañable amigo y tu sirviente más fiel.

Carlitos le sonrió con la sonrisa más grande que podía regalar a su abuelo y el Arquero de los Sentidos disparó a éste una flecha de paz y sosiego que se le clavó en su hombro. El abuelo cayó en un profundo, pero que muy profundo, sueño.

Al día siguiente, el abuelo estuvo despistado todo el día. Dicen que desde entonces articula palabras muy raras y se ríe demasiado. Pero dicen que cuando está con su nieto se ríen mucho los dos. Pero la verdad es que desde entonces, el abuelo es muy feliz.

Queridos amigos. No creáis nunca nada de lo que os dicen. Yo me voy a mis números.

Cuando venía aquí, un niño me ha regalado esta botella. ¿Porqué lo habrá hecho?... El caso es que…, entre la zarzaparrilla que encontré en la Laguna de Zóñar, creo que puede ser …¿Cardo Santo? … Bueno, no se, creo que iré y lo veré. Creo que sí… es Cardo Santo.

También me ha regalado ésta bolsita.

Dice ramitas de hojas dulces de cariño, rellenas de amor con fresas y con glasa de deseos amables.
Es para vosotros. De vuestro amigo, Amore.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Cuento


Eran aquellos días de Navidad, en que la gente se pone tierna. Al entrar en mi pastelería me encontré unos papelillos por la calle con una tarjeta de felicitación. Seguro que la tarjeta contenía un deseo alusivo para el año entrante. No pude contener mi curiosidad y leí los papelillos.


"El sol dio un gran salto y se agarró con sus manos a la enorme tapia de Aguilandia. Se izó con mucho esfuerzo hasta asomar sus ojos y ver todas las casas de aquel reino, en el que todos dormían en paz. La oscuridad, al ver que el sol se asomaba, huyó despavorida. La casa del viejo gruñón, tenía una ventana de su dormitorio abierta y el sol, que sabía todas las historias de la vida de toda la gente, con su ojo izquierdo cerrado y el derecho abierto, le dirigió un rayo mágico de luz que penetró por la ventana de aquel dormitorio. Las persianas que tenían encomendado cerrarse para evitar los rayos, se vieron sorprendidas y no pudieron detener aquel rayo mágico. El rayo revoleteó por la habitación rebotando de pared en pared dejando estelas de polvo de estrellas, hasta que vio una rendija abierta en el cajón de los sueños dormidos. Penetró por ella y dio un toque mágico a uno de ellos. Sorprendido el sueño dormido dijo…
- ¿Qué pasó? ¿Porqué me despiertas de mi placentero sueño?...
Del polvo de estrellas un hada mágica, no mayor que una mosca, salió revoloteando por toda la habitación y le dijo.
- Eres tan gruñón, como tu dueño. Anda, levanta y vámonos, porque hoy vas a poder hacer realidad, todo aquello para lo que has sido creado. Hoy serás el sueño más feliz de la tierra. Serás el prota.
Con las manos restregándose los ojos para quitarse las legañas, apenas si podía creerse que él fuera el elegido. De un salto, voló y se unió al hada que entre risas mágicas revoloteaba por la habitación. Suspendidos en el aire, se pararon frente al viejo gruñón que dormía plácidamente en su cama. El hada con su varita mágica, le tocó la frente y le dijo.
- Por fin, viejo gruñón. Se hará realidad uno de tus sueños dormidos. Aquí está. Ja, ja, ja,ja, ja.
Entre risas, revolotearon un poco más y salieron por la puerta, ya que las persianas de las ventanas, ejercían de porteras de los rayos del sol y se habían cerrado. Volaron escaleras abajo parándose a ver cada cuadro de pintura que colgaba en la pared y como la puerta del patio estaba abierta, por allí salieron al reino de Aguilandia. Entre risas mágicas revolotearon las casas y al ver que todos dormían, se fueron a tomar chocolate con churros, porque hacía mucho tiempo que el sueño dormido no comía chocolate. Mientras desayunaban, el hada le dijo al sueño.
- Tenemos que ir a la casa del dueño de todos los dineros del reino, porque el viejo gruñón es allí donde te encontró y te guardó en el cajón de su mesilla de noche.
- ¿Y que haremos? Dijo el sueño.
- Tú nada. Solo estarás presente. Ya sabes, eres el prota.
El hada mágica y el sueño dormido, fueron a casa del dueño de todos los dineros del reino, pero seguían dormidos. El hada mágica dijo al sueño dormido, no importa. Yo les voy a rociar unos polvos mágicos con mi varita mágica y les embriagarán con los sentimientos más amables que jamás hayan tenido. Tú entonces, como están embriagados por esos sentimientos, te los llevas a la colina de la ternura. Y allí me esperaréis.
El hada mágica volvió a casa del viejo gruñón y esparció por la habitación polvos pica pica de sentimientos amables. Y el viejo se levantó como tocado por la ternura y la sensibilidad. Su mujer también estaba tocada por aquellos sentimientos por lo que no podían quedarse allí. Tenían que ir urgente a la colina.
El hada siguió revoloteando por Aguilandia y entró en la casa del encargado de dar las buenas noticias del reino. Toda su vida la había dedicado a dar noticias y era el que más sabía de dar noticias en Aguilandia. Por ello, había decidido no dar nunca más noticias malas y solo daba buenas noticias. A él y a su mujer, también les roció de polvos de pica pica de sentimientos amables. El imán de la colina de la ternura atraía los sentimientos amables y sensibles con los que habían sido rociados, por lo que allá se fueron corriendo.
El hada siguió rociando por casas y habitaciones, sus polvos mágicos. Entró en la casa del ministro de la autoridad que más mandaba. Era el que se encargaba de toda la seguridad del reino, para que todos vivieran en paz con sus familias. Habían elegido al más alto del reino, para que su altura intimidara a los más gallitos. Y por ello el reino vivía en paz y en tranquilidad. Al respirar los polvos de pica pica de sentimientos amables, él y su mujer salieron corriendo a la colina de la ternura.
También el hada visitó al genio de la música y le roció de polvos mágicos y así, cogió al vuelo unas notas musicales del aire y salió corriendo con su mujer hacia la colina. Y también roció a la encargada de sanaciones y pinchazos curativos, con la magia de la ternura. Dirigía dardos de salud a los pompis de las gentes con tal precisión, que no precisaba de posaderas orondas, sino que era capaz de clavarlos en el punto que hace un lápiz en un papel. Y dejando cuando pudo sus pinchazos, también fue a la colina. El hada roció sus polvos mágicos desde la torre de Aguilandia y entraron por la ventana del dueño de todos los trenes lentos y rápidos del reino, que embriagado por los sentimientos amables, también fue a la colina con su mujer y sus hijos. El viento llevó el polvo mágico cuando caía de la torre a algunos sitios más lejos del reino y algunos que conocían al dueño de todos los dineros, también salieron corriendo a la colina de la ternura.
El sol había dado un salto tan grande, que había subido al cielo. Y desde todo lo alto, estuvo todo el día alumbrando todo el reino perfectamente, porque quería que aquel, fuera un día muy, muy especial.
En la colina de la ternura, todo era sensibilidad. Si los habitantes del reino no subían allí, no podían conocer cómo podrían ser aquellos sentimientos tan amables. Por ello, cuando allí se subía, una felicidad infimita irradiaba el corazón de las gentes.
Pero la subida era dura y el cansancio hacía mella en los caminantes. El sudor y el esfuerzo se juntaban con el cansancio. Y a veces había que sentarse en una piedra del camino a descansar.
Ya todos juntos en el camino, iban en fila por los senderos y las trochas de la colina.
El hada le dijo al oído al viejo gruñón:
- Hoy serás el hombre más feliz del mundo, porque uno de tus sueños dormidos, te está esperando allí arriba, en la colina de la ternura.
A pesar de su cojera, el viejo gruñón arreció el paso. Subió zorreras y bancales, esquivó vejigas y bombales, ni bebió en los claros veneros, ni le importaron los riscos, ni le faltó el aire a su jadeo. Allí estuvo con todos a tiempo, porque los otros eran más jóvenes y ya estaban todos en la cima.
El hada encendió un roble viejo con su polvo mágico y el cansancio del camino desapareció como por arte de magia. Una gran paz y felicidad se hacía sentir en aquella explanada de verdes y frescos prados. De pronto, de entre una puerta de una nube, salió llorando de alegría el dueño de todos los dineros con una buena nueva. Su mujer tenía entre sus manos el sueño del viejo gruñón hecho sensibilidad y ternura. Y así, salió un ángel portando el sueño, pero el viejo solo vio el ángel. No veía el sueño. Solo cuando lo tuvo en su brazos, el cielo se fundió con el sueño, y la sensibilidad y la ternura, llenaron la vida de aquel viejo, al que no le importó perderse con su sueño por aquel cielo.
Al sueño le llamaron Carlitos. Y desde aquel día, se conoció en el reino de Aguilandia la sensibilidad y la ternura. El dueño de los dineros y su mujer, dieron sentido a sus vidas. El ministro de la autoridad que más mandaba y su mujer, conocieron unos sentimientos que les dieron envidia sana y decidieron que el año entrante sería su año mágico. El músico soltó por el aire las notas musicales que había cogido y se quedó estupefacto, al comprobar cómo volaban los arpegios de alegría. Su sonido era el más mágico que jamás había conocido y por ello aprendió, que si pones sensibilidad y ternura a la música, su sonido será el más maravilloso del mundo. La encargada de las sanaciones se sorprendió al comprobar que cuando se aplicaba sensibilidad y ternura a los pinchazos sanatorios, éstos no dolían.
El dueño de los trenes comprobó que con sensibilidad y ternura, los trenes llegaban antes y el encargado de dar las noticias, fue uno de los más impresionados. A todos los que le daba una buena noticia, llena de sensibilidad y ternura, le daban un beso de regalo. Todos los demás niños y no tan niños, se llenaron de felicidad y alegría. Carlitos llenó a todos de felicidad y para el viejo gruñón, su vida cambió. También conoció la ternura, que le había sido tan esquiva en su vida.
El viejo vio en la frente de Carlitos una motita brillante y reluciente. Era dorada y muy bonita. Se levantaba revoloteando mientras Carlitos la miraba y sonreía.
Aquella sonrisa de Carlitos, jamás la olvidaría el viejo gruñón. Fue su sueño dormido y ya hoy, había despertado. Jamás la olvidó. Jamás. Y con ella fue muy feliz."

Hoy tenía que hacer el postre de las frutas escondidas...con masa quebrada...
¡Uy el cuento..!
Una o dos manzanas, un plátano, frambuesas...
¡Uy la ternura!...

sábado, 30 de mayo de 2009

LOCK OUT

Hoy no abro al público mi pastelería. Ni tengo ganas de endulzar a nadie. Mil son los motivos de mi desgana. Alguien aventó mi parva y las ilusiones se fueron con el viento. Tantos años de lucha para conseguir una democracia y construimos algo de lo que no podemos estar satisfechos. Mientras yo procuro adentrar a mis hijos en doctrinas de buena educación, otros profesores se encargan de desdecirme. Son los políticos que utilizan los medios de comunicación para, en vez de mostrar su programa, insultarse unos a otros con malas artes. Son las verduleras modernas junto con los periodistas de opinión de turno. Así está sucediendo en estos días de campaña electoral. No he podido entender ni un ápice de los programas de los diversos partidos políticos. Pero les he visto insultarse a todos, mofarse unos de otros y mentir sobre sus actuaciones.

Creí que con la democracia que construimos, viviríamos mejor. Pero vi cómo ello no era así. La disciplina cayó en desuso, el esfuerzo empezó a cotizar en Hacienda, los cargos no se obtienen por méritos sino por codazos y zancadillas. Impera la ley del mínimo esfuerzo y cada uno sabe que su voto se subvenciona. Así no hace falta trabajar. La doctrina pancista es la que impera junto con la demagógica. En fin, no abro hoy la pastelería y punto.

Lo de las creencias tampoco se lleva. Tantos años de practicante y ahora está mal visto que alguien practique su fe, sea cual fuere. No se qué es lo que vale ahora a excepción de las tradiciones procesionales. Pero eso no tiene nada que ver con la fe. Y además no te dejan ni criticarlo. Con eso no, aunque sea alimentar la mentira. Que no abro la pastelería.

Esta semana viví una luctuosa experiencia. Tuve que estar presente en el traslado de los cadáveres del panteón familiar. Restos desde al menos doscientos años, acumulados en sacos viejos, los más antiguos, y bolsas con cremalleras los más modernos. Pero todos acabamos en un saco. Calaveras, tibias, costillas, huesecillos…al final solo quedan los huesos y alguien de la familia que los vela en una propiedad familiar en el cementerio, de generación en generación, hasta que alguna rama se extingue. Entonces desaparecen hasta los huesos. Es cuestión de tiempo. O terminamos desechos y en un saco o terminamos en un osario común porque nadie nos cuida. Al final nuestro recuerdo también se lo lleva el viento. No quiero ni pensar en el hecho de que en las grandes ciudades, te echan del nicho a los diez años porque se necesita para otro. Los de las ciudades lo tienen claro. Su recuerdo perdura bastante menos que los de los pueblos.

Hoy no abro la pastelería. Lo siento. Mis dulces no tienen a quien endulzar. Si alguien me dice lo que merece la pena, se los doy enteros.

Pasan a mi lado un grupo de viejos. Van alegres. Son un grupo de amigos que son amigos desde la niñez. El de la derecha es el que lee en la misa. Es un gran hombre. Bueno, sencillo, amable, generoso, lleva lo de Cáritas y lo quiere todo el pueblo. El de la izquierda, es su amigo Juan. Es un agricultor vivaracho, chispeante, mal hablado, pero no es mala gente. El de la garrota, apenas si camina diligente. Es bonachón, va riendo y todos le van diciendo algo, seguro que tiene que pagar la ronda. Van tres más. Van hablando entre ellos en animada conversación. Son trabajadores de siempre. Digo, el panadero, el pescadero, el carnicero. Son todos amigos desde que tenían cinco o seis años.

Les llamo. Todos vienen sonrientes. Una pregunta con premio. Decidme por qué motivo tengo que estar satisfecho con ésta sociedad, con ésta vida, con ésta mísera existencia. Inmediatamente me contesta José. Mira, nos haces una pregunta que no te puede contestar un político, ni un cura, ni un sabio de éstos modernos que lo saben todo. Solo te la puede contestar un hombre. Simplemente un hombre. Uno sencillo, como cualquiera de nosotros. Y cualquiera de nosotros puede hacerlo porque ya hemos vivido todo lo que hemos tenido que vivir. Y tenemos la experiencia. Solamente te diré que cuides tu jardín de cada día.

Entenderás porqué no es un sabio que quiere organizar todo el conocimiento, sin entender que somos humanos. Entenderás que no es un político que quiere organizar toda la sociedad con engranajes perfectos, sin entender que somos humanos y nos exige la perfección. Y entenderás que no sea un cura porque no entenderá que la gente no crea en las cosas que él cree, después de mil estudios que relían las creencias y no las hacen comprensibles a los ojos de los humanos.

En nuestra sencillez de hombres rurales te decimos que solamente te ocupes de cuidar tu jardín de cada día. Tu mujer, tus hijos, tus amigos, tu trabajo, tu casa, tus vecinos, tu ganado, tu campo, tu vida. Que seas bueno y que tires para adelante. Así llegarás a viejo como nosotros. Y si cuidas bien tu jardín. Habrás llegado a nuestra edad habiendo visto las flores más lindas cada día. Y ello habrá sido hermoso y habrá merecido la pena. Y la memoria que habita en el viento, siempre querrá acariciar aquel jardín de fragancias y sencillas flores. Las flores no compiten en belleza. Son simplemente la belleza. Y habrás gozado de ella.

Naturalmente les di el premio. Abrí la pastelería y olvidamos el colesterol, el azúcar y el ácido úrico. Solo hubo la limitación de la templanza.

Así les aplicamos a las razones absortas, limón poncil. A las potencias suspensas, frutas confitadas. A las doctrinas y profetas, besamelas. A las almas espantadas, pastas bienmesabe. A la voluntad doblada, rosquillas de Santa Clara. Al verbo afligido, obleas y barquillos. A la hermosura ausente, timbal de pasteles. Al requiebro político, bartolillos. Al santo varón, turrón. Al probo funcionario, mojicones. A la belleza en crisol, melindres de Yepes. Y Yemas de Santa Teresa, a la navegación sosegada.

viernes, 29 de mayo de 2009

Tiramisú

Pensaba yo que con 16 huevos enteros, 500 gramos de azúcar, 400 gramos de harina de trigo floja y 200 gramos de almidón, se pueden hacer unos bizcochos de soletilla de primera. Pero saldrían muchos bizcochos. Y pensaba que el problema no serían los bizcochos sino la forma de hacerlos. Porque hay que mezclar los huevos enteros con el azúcar y con las varillas batirlo muy bien. Pero hay un secreto, y es que hay que ponerlo a la hornilla y sin dejar de batir, hay que dejar que temple un poco y apartarlo rápidamente y seguir batiendo hasta enfriar. Hay que dejar de batir cuando haya subido todo el doble de cómo estaba al empezar. Es entonces cuando con la espátula de madera se mezcla la harina y el almidón, previamente juntos y cernidos. Ello se hace con mucho cuidado para que la masa quede perfecta y no se apelmace. Se echa en una manga con boquilla lisa de un centímetro y medio de diámetro y sobre un papel de horno se deposita una línea de diez centímetros de diámetro, convenientemente espaciados ya que crecen el doble. Se echa azúcar lustre encima y se cuece a horno fuerte poco tiempo para que queden jugosos.

Y pensaba yo que si ponía queso mascarpone mezclado con nata montada bien mezclado todo y poniendo un poco de azúcar, tendría otro ingrediente para hacer un tiramisú. Pero me faltaba café con unas gotas de amaretto para empapar los bizcochos. ¡Que suerte¡ Tenía café y amaretto. Ya solo me faltaba cacao en polvo. ¡Qué fácil sería hacer una copa de tiramisú en un momento¡

Ya está. En una copa alta u grande se ponen un par de bizcochos bañados en café con poco azúcar y perfumado con licor amaretto. Encima se pone una capa de queso con nata y encima se espolvorea cacao en polvo. Y así se hacen tres capas. Y cataplás.

Y pensaba yo…¿Pero yo pienso?

A veces se me vienen a la cabeza visiones como a Santa Teresa. Pero a mí me vienen de dulces. A Santa Teresa le venían visiones de Dios, que no es lo mismo.

Decía la Santa que a partir de un día empezó a ver a Dios en sus oraciones. Y se le presentaba tan claro y con tanta luz y serenidad que era imposible no querer volverle a ver. Al principio creía que se estaba volviendo loca. Pero después lo deseaba con toda su alma. Sobre todo lo veía cuando comulgaba. Y yo con mis dulces…otro día vamos a hacer las Yemas de Santa Teresa.

¡Qué mujer más lista¡ Y decía ella que era muy flaca y enferma y bastante ignorante. ¿Qué tendría ella para que se sintiese a Dios y lo viera tan claro?

Yo sí lo sé.

Como soy de Madrigal de las Altas Torres, vino una vez a comprarme unas paciencias un fraile muy especial. Decía que se las compraba su padre de niño, por ello quería recordar las paciencias. Y yo le pregunté por los arrobamientos de la Ahumada, de los que recorrían rumores por toda Ávila.

Él me contestó, pareciéndome que la conocía muy bien. Me dijo, que la hermana Teresa de Jesús, oraba. Y oraba mucho. Y me contó lo que un día ella le dijo. Le dijo que la oración era como el huerto del hortelano. Ya os lo conté un día. No hace falta por tanto que os vuelva a contar el símil del huerto del hortelano. Pero aquí en las tierras de Ávila de los Caballeros, todo el mundo sabe que quien dedica tiempo a la meditación de sus obras y a la oración, por la que desea ser mejor, uno puede tener visiones tan claras que no deseará dejarlas de tenerlas nunca. Y una paz inundará su alma.

En una copa de cristal alta pones una capa de meditación regada por dulce escarcha de rocío mañanero. A continuación pones una capa de oración con unas gotas de humildad. Repites otra capa y otra de lo mismo. Tendrás un tiramisú fantástico. Para eso no hace falta ser creyente de nada. Para comer el tiramisú solo hace falta tener hambre y ser un poquito goloso para degustar algo la felicidad perdida.

miércoles, 11 de junio de 2008

MALDITA ENFERMEDAD

MALDITA ENFERMEDAD

Todas las Navidades nos felicitamos las fiestas los amigos más entrañables de los tiempos de la niñez. Nos vemos poco. Alguna vez, de cuando en cuando, nos reunimos en una comida o cena. Y así, hemos llegado a la cincuentena. Pero esta Navidad una noticia nos golpeó de manera atroz. Uno de nosotros había sido diagnosticado de cáncer. Le habían descubierto un cáncer y nos lo comunicó con una carta que escribió a su cuerpo, al que llamaba Horacio. Esta es la carta.
Madrid, 18 de Diciembre de 2007

Querido Horacio,

Fue ese jueves de Noviembre cuando supe que me habías tocado con tu vara de abedul, cuando un rayo me atravesó de la cabeza a los pies. ¿A mí? ¿A mí? ¿Por qué a mí?

Sólo tardé unos segundos en aceptar el diagnóstico y en ese instante experimenté una felicidad que nunca había sentido hasta ahora. Iba a tener el honor de formar parte de ese grupo de personas a las que tanto admiro, que sacan coraje de donde parece que no lo hay y lo muestran al mundo.

Me ofreces una grandiosa oportunidad de aprender y de crecer, aquí y ahora con este master, con este proyecto, con esta asignación que es CURARME y que hoy acapara mi máxima atención.

No es una interrupción a mi vida ni un freno en mi viaje a Ítaca. Es un nuevo rumbo que quiero vivir a tope y del que voy a sacar todos sus frutos. Estoy impaciente por ordeñar cada día que comienza.

Muy pronto empecé a sentir que había recibido otro regalo mucho mayor, que ni en mis mejores sueños podía imaginar. Es el amor de mi familia y mis amigos.

Mi vida de familia se ha transformado. En casa con Adelaida y Gabriela sentimos una pasión amorosa mutua como nunca había sucedido. Me conmueve cómo se vuelcan conmigo, cada minuto, cada segundo. Ellas son quienes realmente están viviendo y soportando mi enfermedad. Sólo me sale una palabra del corazón y es ¡¡¡GRACIAS!!!.

Los caminos de mis padres y hermanos y el mío se han unido. Hemos entrado de nuevo en nuestras vidas respectivas. Y donde antes veía recelo, barreras y malentendidos ahora sólo veo unos grandísimos corazones. Además me divierto muchísimo con todos y cada uno de ellos, que en su diversidad y a su manera me están dando lo mejor de si. También estamos llevando a cabo unas colaboraciones muy fructíferas. Todo tiene un enorme sentido.

¡Y que decir de mis amigos, que desde todas las partes del mundo me mandan unas letras de ánimo y aliento en sus emails!. Hay personas, que ni me podía imaginarme, que me están mandando su cariño. Es curioso cómo nos “tocamos” entre nosotros en nuestras vidas sin saberlo.

Hacía unas semanas que había perdido mi teléfono móvil pero con esta enfermedad ya lo tengo rápidamente al día.

Hay tantos amigos que me ofrecen nuevas terapias y técnicas, nuevos libros. Siento que se me presenta un fecundo período de conocimiento.

¿Y qué decir de todas esas personas que rezan por mí y piensan en mí durante sus oraciones? Sé que hay conventos enteros de carmelitas descalzas que se están volcando en mi persona. ¡Qué gran responsabilidad de agradecimiento se posa en mis hombros!

Y en estos momentos pongo a Dios por testigo de que nunca jamás en la vida diré que “me siento solo”, “no tengo amigos” o “me siento miserable”. Eso sería ir en contra de la naturaleza de la vida.

Hoy, siento y sé que cada uno de nosotros formamos parte de un cuerpo superior en el que todos estamos conectados y cuando una parte de ese cuerpo está más débil el resto vibra. Yo también sabré vibrar mucho más a partir de ahora.

En cambio, ¿Cuántas veces vibramos por cosas no importantes? ¿Somos conscientes de la enorme cantidad de metas y estímulos triviales que nos creamos y aceptamos y que nos generan tanto stress? ¿Es tan real esa ansiedad que nos atenaza? ¿Es tan real esa culpa que nos abruma? Todo eso nos mata.

He aprendido a ser Yo, a ser “Yo soy”. Me he dado cuenta de que había llevado una vida alocada en la que había adoptado muchos roles en ambientes dispersos y desconectados. Eso me creaba barreras, eso me negaba como persona. Eso era matarme. Ahora “Yo Soy” esté donde esté, no tengo barreras. Formo parte de una energía ilimitada.

Me siento capaz de llevar a cabo cualquier visión que me plantee en este planeta.

Estoy viviendo una experiencia mágica de transformación espiritual. Ahora entiendo al alquimista que transforma el dolor en paz, la paz en alegría y la alegría en amor.

Estoy completamente preparado para todo lo que vaya a venir y sé que sobrevendrán dolores y molestias en el cuerpo pero nunca sufrimiento. Todo sufrimiento es un juicio, es aceptar la condición de que se es víctima y yo eso jamás lo haré.

En cambio, el inevitable dolor físico que se acepta, se siente en todos los poros y se ofrece, nos brinda la oportunidad de transmutarlo en despertar espiritual.

Horacio, no quiero darte una pequeña decepción. Pero no has sido tú quien me ha traído esta enfermedad sino yo. Yo soy al 100% responsable de lo que me pasa. Ha sido mi mente quien me ha confundido y me ha metido en esto. Había una falta de armonía. Quizá tenía una necesidad de crecimiento no bien madurada o una situación que no sabía cómo manejar. Esta enfermedad tiene un mensaje y al captarlo mi curación vendrá, de la misma manera en que la primavera sigue al invierno. Ya intuyo mucho de lo que me había pasado.

Hay muchas maneras positivas de hacer frente a esta enfermedad. Yo quiero recuperar el diálogo con mi cuerpo. Quiero estar con él y acompañarlo en estos momentos de debilidad. Mi cuerpo es ese amigo sabio y fiel, que siempre trabaja de manera incondicional y silenciosa para estar sano. ¡Ay hermano!, cuanto te he exigido en esas noches de trabajo, en esos platos y copas de más, en ese uso de ti como fuente de placer y objeto de consumo. ¿Cuántas veces te he dejado en último lugar dando por hecho que tú silenciosamente podías con todo? Hermano, nos curaremos juntos y a partir de ahora serás mi joya.

Bueno Horacio, vamos a hablar tú y yo del futuro. Sabes muy bien que me voy a curar y por eso te quiero ofrecer un puente de plata honroso. Sé que has actuado con tu mejor intención, obedeciendo a los designios de mi mente. Te propongo que retires inmediatamente de mi cuerpo tus células enfermas. A cambio, conservaré en la memoria un buen recuerdo tuyo de esta etapa maravillosa.

Horacio, sabes que no tienes otra alternativa. Si insistes en persistir, tanto mi altísima moral como las baterías del Dr. Javier Hornedo, quizás el mejor oncólogo del mundo, harán mella en ti. ¿Por qué aferrarte y resistirte a lo inevitable?

En pocas palabras: Gracias por entrar en mi y Gracias por salir de mi, con todo mi amor.

Yo ya he empezado a celebrar mi curación. Estoy organizando con mi familia y amigos un viaje a Roma de agradecimiento por todas estas vivencias y todas estas “vacaciones”.

Esta enfermedad me ha sobrevenido en un momento en que estaba cambiando de vida y planeando una nueva etapa. Voy a incorporar todo lo que aprenda. Esta etapa será muy importante en mi vida y ya nunca jamás volveré a ser la misma persona después de vivir esta experiencia. Mi misión y mis metas serán a partir de ahora muy diferentes. Sé que me espera una vida apasionante y me ilusiona asumir mis nuevas responsabilidades. Sabré siempre cambiar y transformarme.

Sé también que este futuro apasionante no me estará esperando sólo a mí. Esta ha sido un poco la enfermedad de todos y todos nos estamos transformando.

Y ahora pienso en La Navidad. Esta va ser la mejor Navidad de toda mi vida. La Navidad es el nacimiento del niño Dios. Es un momento de Creación. Es el momento de crear la mejor versión de la mejor visión de nosotros mismos.

En La Navidad sin embargo, rara vez nos salen bien los deseos. Ya en los medios de comunicación de la primera semana de Enero todo sigue igual de mal en el mundo y el nuevo año sigue el mismo curso de violencia y perversión rutinaria.

Sin embargo, este año propongo a mi familia y amigos algo muy diferente:

Cerrar los ojos
Crear unos o dos deseos
Visionarlos
Oírlos
Olerlos
Sentirlos
Tocarlos
Tener una fe inquebrantable de que van a suceder sin preguntarse el cómo.
Seguir al corazón
Plasmar los deseos en un sitio visible
Revisarlos diariamente

Esta vez se van a materializar en todo el planeta todos nuestros deseos de Navidad y Año Nuevo. Vamos a cambiar muchas cosas.

Y ahora sólo me cabe decir GRACIAS; GRACIAS; GRACIAS

Con todo mi afecto,

Juan

Una vez leída la carta no teníamos ganas de felicitaciones al uso. Encontraba que la carta era maravillosa y nos daba una lección de cómo se aceptaba una de las peores noticias que podemos recibir en nuestra vida. Y se me ocurrió coger uno de los cuentos de mi amigo Antonio José y adaptarlo. Se lo envié a todos los amigos. Y esa fue nuestra felicitación de Navidad en ésta cincuentena.

“Cuentan que en el remoto reino de Hociópolis, la diosa Oxius era la encargada de navegar por los sueños felices, explorar sus secuencias y transportar las experiencias amables al corazón de todos los vecinos.
Estas secuencias, en su mayoría, eran reflejos de amor, encuentros con la amistad, fiestas, jolgorio y grandes jornadas compartidas con sorpresas, adivinanzas, bolos, cuerdas, aros, persecuciones, cartas, saltos…, esencias de juegos y momentos de fantasía ilustrada por la vida.
Sin embargo, a pesar de la importante labor de la diosa, muchos habitantes del reino se encontraban tristes y aburridos, ya que lo que ellos deseaban era poder jugar y participar en las experiencias recreativas de los demás, porque ver el amor resultaba entrañable, observar los bailes, cucañas, carreras de sacos o las competiciones de fuerza y destreza era admirable, pero ver jugar y divertirse sin poder participar suponía mucha frustración y el entusiasmo se empequeñecía.
Enterado el rey Liberto de la tristeza imperante entre sus súbditos, convocó al Consejo Real y ordenó establecer una solución contra el mal del aburrimiento.
El docto Ricus propuso sortear los sueños felices entre todos los vecinos y así, quien fuera señalado por la suerte, tendría el privilegio de jugar siempre. El mago Bustacius opinaba que la diosa debería llevar todas las experiencias lúdicas a un recinto, donde los vecinos a cambio de un diezmo de sus cosechas, pudieran jugar sin límites. El viejo Trianus dijo que jugar era encontrarse con el oráculo de la ilusión y propuso crear un camino de obstáculos y pruebas, donde el que llegase primero obtuviese el premio público de ser admirado y aplaudido. El sabio Sangües dijo que todo eso estaba muy bien, pero que se había olvidado algo muy importante, todo eso no serviría de nada si antes no se daba solución al dolor. Nunca se sabía cuando podía aparecer el dolor en el reino. Podía ser un dolor físico o un dolor moral. Podía aparecer al niño o al mayor. Podía aparecer en el momento más inoportuno. Todos temían ser tocados por aquella vara de abedul, por eso pensaba aquel sabio que para poder tener aquellas experiencias amables en el reino, poder jugar sin límites y poder llegar a alcanzar al oráculo de la ilusión, había que desterrar el dolor.
Pero el Consejo Real no podía encontrar un remedio contra aquel mal. Fueron llamados muchos súbditos a consultas. El laboratorio de Melchorius podía remediar algunos dolores físicos con algunas pócimas, pero ni mucho menos todos y menos los dolores morales. El jefe de todos los bufones del reino, Villalonius, dijo que sus creadores de ilusiones no podían más que desterrar el dolor moral por solo una mínima parte del tiempo. Llamaron al jefe de todos los dineros, Riañus, pero también les dijo que algo podía remediar, pero muy poquito, ya que la mayoría de los dolores hacen burlas a los dineros. Llamaron al jefe de los sacerdotes, el sumo Marchesius, quien les dijo que el dolor existe y no se puede desterrar del reino, como no se puede desterrar la felicidad.
El problema del reino era grande y el rey Liberto, la diosa Oxius, y todo el Consejo Real temían que podría llegar una hecatombe. No solo había en el reino aburrimiento. Había temor y miedo porque nadie sabía la solución a aquel terrible problema.
Cuando todo el reino se llenó de abatimiento, el pastelero Jerónimus dijo que él tenía la solución. Inmediatamente el pastelero fue llamado por el letrado del reino Rodrigus al Consejo Real. Allí se encontraron en pleno reunidos todos los importantes hombres. Estaban Blazquius, Meseguerius, Perellus, Mateus, Pidalus, Prietus, Pucholus, Ramonus, Ferrandius, Pereitus, Pomattius, Rojius, Antonio Marius, Orfilius, Gaunus, Rullanius, Serrius, Garnicus, Villaseñorius, Serranius, Muerzius, Simonius, Isidrius, Luirrius, Lezus, Tomeus, Caballerius, Iribus y Villenius. Todos querían escuchar la solución del pastelero.
¡Habla! Le dijo el letrado del reino. Y el pastelero empezó a hablar con voz suave y temerosa de verse ante tantos hombres importantes.
- La diosa Oxius quiere tener el corazón de todos los vecinos contentos y que sus sueños sean felices. Y por más que ha llamado al amor, a la amistad, a las fiestas, a los juegos y a la fantasía, no ha podido conseguir más que el mundo se aburra porque no puede participar en los juegos siempre que se quiera. Y no siempre se puede participar porque existe el mal del dolor, que unas veces produce cansancio, otras tristeza, y la mayoría de las veces incapacidad para poder actuar. Pues bien, yo tengo la solución.
- ¡Habla, habla¡ Gritaron todos.

El pastelero esperó a que se calmaran todos los murmullos y prosiguió con un hilo fino de voz, asustado, por el poder de los grandes del reino.

- Hoy 21 de Diciembre, he recibido una carta y aquí está la solución para que el reino de Hociópolis pueda ser feliz.
- ¿Una carta dijo Orfilius? ¿Y en una carta puede estar la solución?.
El murmullo de todos los hombres del Consejo Real se tornó en enfado y ya todos gritaban ante lo que ellos podían considerar una broma. Pero el pastelero Jerónimus se armó de valor, alzó la voz y dijo con voz decidida.

- ¡Escuchad os digo¡ Solo hay una forma de burlar al dolor y que vague por el reino con las orejas bajas, huidizo y temeroso de ser burlado cada vez que aparezca entre medio de niños o mayores. Solo hay una manera de hacerlo y que es la consecuencia a la que han llegado hombres muy inteligentes.

Y siguió ante un silencio expectante.

- Como todos sabéis, el culmen de la inteligencia es la bondad. Solo llegan a ser bondadosos de verdad, aquellos que son tan inteligentes, que son capaces de dar sin necesidad de pedir nada a cambio. Están tan sobrados que dan a los demás, amor, amistad, bienes y cosas. Solo a este tipo de personas les está permitido conocer cosas a las que la gente normal no puede llegar ni conocer. Por eso digo que tiene la solución y me la ha enviado en forma de una carta con el nombre de “Carta a Horacio”

- A Juan le tocó una vara de abedul y le atravesó de la cabeza a los pies. Al pronto se sintió dentro de ese grupo de personas con coraje, dignos de ser admirados por el resto del mundo. Sintió cierta felicidad y orgullo por ello, al tiempo que observó una mueca de desagrado e incredulidad en el rostro del dolor. El dolor tuvo la sensación de estar siendo burlado. Juan entendió que le ofrecían una oportunidad para aprender y crecer y tener un nuevo proyecto de curación y de nuevas valoraciones de las cosas. Y el dolor frunció más el ceño, incrédulo ante una reacción tan poco corriente. Empezó a avergonzarse de estar ante Juan. Ante los mismísimos morros del dolor Juan recibía regalos de amor de familia y amigos, tantos que estaba cada vez más contento. Algo estaba cambiando, la pasión volvió a su amor de pareja, Adelaida. Los caminos con sus padres y hermanos volvieron a encontrarse. Los amigos de todo el mundo se tocaban en sus vidas sin saberlo. Las oraciones de todos unían el alma de Hociópolis. Ya nunca jamás se sintió solo en el reino.

El Consejo Real escuchaba atónito. El pastelero iba desgranando aquella “Carta a Horacio” e iba explicando cómo el dolor se iba avergonzando ante la actitud de algunas personas muy inteligentes y buenas de condición. Tanto se avergonzaba el dolor que éste se escondía de aquel tipo de gente. El pastelero explicó que su amigo empezó una transformación en la que se sintió capaz de cualquier transformación que hubiera en el planeta. Incluso estaba aceptando una transformación espiritual que le hacía sentir una magia especial en su vida. Había entendido que el dolor podía transformarlo en paz, la paz en alegría y la alegría en amor. Al oír esto el dolor salió corriendo del lugar donde estaba escondido, avergonzado y frustrado de producir exactamente lo contrario para lo que fue ubicado en el reino de Hociópolis. Juan sabía que tendría molestias, incluso dolores, pero nunca tendría sufrimiento. No quería ser víctima porque no aceptó el juicio y por ello se evitó el sufrimiento. A cambio aceptó un dolor físico que supo transmutarlo a un despertar espiritual. Horacio, en realidad, era su cuerpo y ellos aceptaron que el olvido en el cuidado del mismo hubieran podido traer los males indeseados. A todos nos puede pasar y el dolor se cuida de entrar en todos los Horacios del mundo, porque es invitado, a excesos, todos los días. Horacio y Juan hablaron de su futuro. Admitieron su posible error, si es que lo hubo, pero sobre todo empezaron juntos a celebrar la curación y con ella la valoración de cuanto acontece en el día a día. Incluso esa Navidad, desearon que fuera la mejor Navidad de todas.

Al oír esto la diosa Oxius se levantó entusiasmada. Dijo que esta carta era el remedio para que ella volviera a repartir en el reino de Hociópolis las emociones bonitas entre los vecinos. Era el remedio amable para burlar el dolor. Mandó enmarcar la carta y ponerla a la vista en los lugares públicos y con un leve movimiento de su báculo mágico extendió un arco luminoso que orlaba el marco de la “Carta a Horacio”. En aquel reino se produjo un milagro y el rey Liberto, impresionado, saltaba de alegría con su súbditos y bajo la admiración de todos llenaba sus casas de ilusión y de sueños felices. La diosa Oxius dejó de realizar el reparto aislado y el Consejo Real determinó que la luz de la ilusión era el mejor remedio contra una vida tediosa y aburrida.

Dicen que vieron al pastelero regresar a su casa muy contento. Alguien vio rodar una lágrima por su mejilla al tiempo que decía: ¡Gracias Juan¡”
Febrero 2008